miércoles, 16 de marzo de 2011

Catástrofe en Sol tecnológico

A día de hoy es casi imposible encontrar gente que no se haya enterado de la catástrofe que ha asolado Japón.

Hace años nuestros antepasados asistieron atónitos a las crónicas por radio de la guerra, las Mundiales, la Civil. Todas ellas con episodios, casi, en directo desde el campo de batalla.

Años después llegaron Vietnam y las primeras entradas en Afganistán, con ellos: la televisión.

La tecnología ha ido evolucionando vorazmente, hace apenas dos décadas asistimos a la retransmisión en directo, desde Irak, de la primera guerra; corresponsales que minuto a minuto nos mostraban bombas, disparos y, trágicamente: las víctimas.

El viernes pasado fuimos testigos pasivos de un nuevo varapalo, un golpe de una Naturaleza cruel que no respeta ni espera a nada ni nadie.

Desde entonces, incluso antes que los medios generalistas, gracias a la Red, hemos tenido testimonios desde el País del Sol Naciente: Twitter, Facebook... Han narrado al minuto cada temblor, cada ola. Corresponsales de excepción, improvisados periodistas.

Recibimos tanta información que, a veces, es díficil de asimilar. De una parte, conocemos situaciones que, hace 50 años nos hubiera parecido imposible ver con tal exactitud, pero tal cantidad de impactos puede llegar a volvernos insensibles. Fríos.

Observamos cómo los cadáveres apilados sobre ruinas forman parte del paisaje actual. Vemos poblaciones destrozadas: Hambre, Guerra, Terrorismo. Tres palabras demasiado frecuentes en nuestro vocabulario diario.

¿Nos estamos volviendo insensibles por la tecnología?
¿O por el contrario ahora seremos más fuertes y capaces de unirnos para ayudar a levantarse al prógimo?

1 comentario:

  1. Desde mi punto de vista, la tecnología es culpable hasta cierto punto. Recordemos que la tecnología es perseguida, descubierta y desarrollada por nosotros, los seres humanos. Que, paradójicamente, cada día somos, como muy bien dices, más inhumano, más sálvese el que pueda y más "tú primero que a mí me entra la risa". Aún así, la globalidad rechaza la guerra.
    Aunque nos ataquen por la mente, aunque nos intenten mediatizar "por todos los medios", la desesperanza es tan real como la esperanza. Y, al fin y al cabo, el corazón siempre tiene algo que añadir ¿o no?

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